FICHA PERSONAJE
"Si muriese, volvería a renacer sólo para verte una vez más"
Apellidos: Petit Aliminis
Apodo: Monstruo, perrito, demonio
Idioma: Enoquiano y francés
Fecha de nacimiento: 24 de Septiembre
Ciudad: Florenlie
Signo zodiacal: Libra
Orientación sexual: Heterosexual
Edad: 900 años demonio (18 años humano)
Personalidad: Entusiasta (ENFP)
Tipo de sangre: 2-
Gustos:
Comida/ bebida favorita: Guiso de patata casero.
Comida / bebida odiada: Pienso.
Color favorito: El azul cielo.
Animal favorito: La paloma
Oficio: Granjero.
Raza: Por descubrir.
Virtudes: Esperanzador, fuerte , corazón noble
Defectos: Se esconde sobre una máscara, fácil de manipular
Historia:
Los gritos de una mujer que estaba de parto resonaron por todo el pueblo. Florenlie era una pequeña zona de campo de Risettia, la ciudad del arroz y los cereales. Aquella mujer despertó a todo el vecindario a las tres de la mañana; sin tener nada para calmarla, nada más que la mano de su marido, mordió un trozo de tela mientras empujaba a su nueva criatura. De su interior, salió un precioso niño con el pelo muy corto y negro, pesando nada más de un kilo y cabía en una mano. Nació prematuro, hace un mes que la madre, llamada Anne, tenía graves contracciones y problemas con el cordón umbilical. Pero ese día tanto los padres como el médico se sorprendieron. El bebé se veía completamente sano y estaba llorando descontroladamente. Fue entonces bendecido como Kevin, el hijo de la joven pareja Petit.
Este matrimonio era conocido por todo el pueblo, eran queridos por sus vecinos. Hacían continuamente recados y vivían plácidamente una vida dedicada al campo y a la ganadería en una casa alejada del pueblo. Alrededor de ellos estaba el bosque Drianlo, nombre que se le puso por un granjero que vivía en esas tierras en tiempos remotos. Kevin era el primer hijo de la pareja pero eso no los hacía unos padres novatos. Eran humildes pero cariñosos. Durante toda su infancia, Kevin recorrió los campos, jugó con los animales, recibió todo el cariño de sus padres y aprendía el oficio de ellos, el cual sería suyo en el futuro.
─ ¿Está el guiso bueno hijo? ─ dijo Anne a Kevin, que estaba sentado en la humilde mesa del comedor.
─ Sí ma' . Me encanta tu guiso de cordero.─ los ojos esmeralda de Kevin observaron los de la madre.
La madre se acercó y se sentó a su lado a comer. Observó entonces su ropa desgastada y sucia.
─ Vaya estirón has dado. Voy a tener que intercambiar unos huevos por ropa nueva. ¿Este año cumples siete años no? Le preguntaré a la vecina Alexandra si tiene unos pantalones que su hijo no use.─ se percató la madre.
─ Vale ma' .
El niño siguió comiendo. Cuando terminó se levantó pero antes de salir la madre le interrumpió.
─ ¿Por qué no vas tu? Pa' no va a volver hasta más tarde y yo tengo que darle de comer a las ovejas. Así de paso juegas con él y saludas a Alexandra de mi parte. ─ Dice Anne mientras coge un par de huevos y los mete en una cesta. ─ Vuelve antes del atardecer, ¿vale hijo?
─ Si, ma' .
Antes de irse Kevin recibe un beso en la mejilla y empieza a recorrer su aventura en imaginación.
Recorrió todo el paradero sonriendo, entrando al bosque e imaginándose que allí habría una princesa, con la que se toparía y tendría que salvarla de unos malvados. Siguió caminando mientras saltaba por las rocas del río pensando que eran pruebas dignas de un héroe. Mientras llegaba a la casa de la vecina, imaginó caballos voladores por el cielo, los cuales escupían fuego por la boca y dejaban un rastro de luz divina y mágica. La imaginación de Kevin sobrepasaba los límites de todo aquello que había visto. En el campo nadie sabía leer pero uno de los vecinos tenía un libro con imágenes de un héroe derrotando a un guardián, el cuál el chico supuso que estaba salvando a una chica, la cual estaba metida en un cristal. Deseó con todas sus fuerzas que algo mágico le pasase a él.
Tocó dos veces la puerta de madera y le abrieron al instante. Una mujer joven, de unos treinta años le abrió la puerta. Tan rápido como entró la mujer le preguntó qué quería y le explicó el intercambio. Kevin, sonriente, recibió la ropa que quería y se la probó en seguida. Le quedaba algo holgada pero cómoda, para trabajar en la estación calurosa era perfecta. Fue entonces cuando Mike entró a casa y corrió hacia Kevin.
─ ¡Kevin estás aquí! ¡Vamos a jugar! ─El chico sonrió y le tomó la mano. ─ ¿Esa es mi ropa? La verdad, puedes quedártela, me queda grande.
Kevin pudo observar lo delgado que estaba Mike. Frunció el ceño y cogió un huevo de la cesta ofreciéndoselo directamente en las manos.
─ Primero come algo.─ lo miró seriamente, preocupado por su salud.
─ No come mucho, Kevin. Hemos intentado darle carne pero acaba vomitándola. No tenemos dinero para un médico, esperamos el anuario de mi marido para poder pagar la casa. La guerra está terminando, yo tengo esperanzas.─ dijo Anne dolorida, con mirada triste acarició el pelo del muchacho.
─ Bueno, está bien. Creo que se donde hay bayas moradas, seguro que nunca las probó. ─ Kevin, entusiasmado, llevó cogido de la mano a Mike hacia el bosque.
Una vez allí empezaron a contarse historias mágicas mientras caminaban por los senderos en busca de las bayas.
─ Me gustan las cosas dulces.─ dijo Mike saltando entre la maleza del camino. Mike sonrió.
─ Seguro que te gustan mucho estas que te voy a enseñar."
Se adentraron más en el bosque y cuando el sol estaba ya cayendo encontraron las bayas. Un arbusto peculiarmente solitario, en medio de un claro, hacía relucir brillantes frutos de un color morado. Con bastante hambre, Kevin corrió hacia ellas mientras el débil Mike lo seguía detrás. Cuando estaban frente al arbusto miró bien de cerca una antes de tocarla.
─ Mi padre dice que las venenosas son de color verde, amarillo y azul. Las moradas serán seguras entonces, ¿no?
Mike dudó de Kevin. Fue a coger una cuando éste le paró.
─ Hagamos una carrera. Quien llegue más tarde al arbusto desde la entrada al claro, se come todas las bayas.
─ Entonces, ¿de qué me sirve correr? Si el último que llegue va a comerlas, entonces no tiene sentido ganar la carrera.
Kevin sonrió y agitó la cabeza.
─ Está bien, lo hacemos al revés. El primero que llegue se comerá todas las bayas.
Los niños se dispusieron a realizar tal carrera. Cuando Kevin terminó la cuenta atrás, Mike empezó a correr bastante lento y torpe. Kevin sabía su debilidad, así que se mantuvo detrás todo el tiempo, sin parar de sonreír, viendo como su amigo le ganaba la carrera.
─¡Ya casi alcanzo la baya!─ gritaba el pequeño que tenía problemas al respirar.
─ Vaya, ¡mira que lejos estás de mí! ─decía Kevin detrás suya sonriendo.
Mike ganó la carrera. Se dispuso entonces a coger las bayas y las atrapó entre sus débiles manos. El cielo empezó a oscurecer y una lluvia inminente empezó a mojarlos. El pequeño Kevin aceleró su carrera, fue entonces cuando del arbusto emergió una colorida serpiente y alcanzó al pobre muchacho, lo cual hizo caer las bayas.
No duró más que un segundo el hecho de que la serpiente mordió a Mike en un brazo, del cual empezó a borbotear sangre. El reptil de un extraño color plateado era conocida como la reina del bosque, era tal venenosa que ni los animales de ganado se atrevían a entrar. Kevin se paró en seco al presenciar la escena. Gotas de lluvia le caían por las mejillas mientras su amigo no paraba más que gritar y zarandear el brazo. La conocida serpiente Platonio agarraba a su presa mientras le seguía inyectando el veneno. Estaba desesperado, hasta que el animal empezó a enrollar su cuerpo contra el brazo del chico. Kevin seguía sin moverse. Su visión se veía borrosa y nublada, pero no de la lluvia, algo en él estaba emergiendo. ¿Desde cuando la sangre era tan bonita? Se preguntó. Le empezó a doler la cabeza. Se agachó en el suelo y unos colmillos fuertes crecieron en su mandíbula superior. El dolor era tan grande que estuvo a punto de desmayarse, pero la sangre era tan llamativa que quiso ver brotar más. Mike empezó a no sentir el brazo y acabó por desmayarse. Cuando fue a cerrar los ojos, su amigo estaba destrozando en pedazos la serpiente, con una fuerza y velocidad que nunca se habían visto en él.
─ K-Kevin Lo siento...
Mike cerró los ojos. El brazo estaba fracturado de la fuerza del reptil y ahora su amigo estaba chupando la sangre de la herida.
─ ¡Por favor Mike, no te mueras! Mi padre me dijo que hay que absorber el veneno antes de que llegue al corazón...
El pequeño volvía a ser él mismo y los colmillos clavaban más la carne del brazo de Mike. Intentó absorber la sangre, le pareció extrañamente exquisita. No sabía si lo estaba haciendo bien. Se detuvo al notar que el corazón de su amigo latía mas despacio.
─ ¡Mike, despierta!
Kevin le zarandeaba pero él no contestaba. Empezó a llorar descontroladamente. Abrió fuerte la boca para estallar en un grito, la sangre de su amigo en ella empezaba a caerse a borbotones mientras la lluvia difuminaba sus lágrimas.
─ ¡Todo esto es mi culpa! ¡Debería haberme mordido a mí!─ gritaba, mientras seguía llorando.
De la mordida del brazo de Mike emergía más sangre y lentamente desaparecía con la lluvia, fundiéndose en la tierra. Los gritos alertaron a unos vecinos cercanos y a su vez éstos llamaron a los Caballeros de la Guardia que estaban patrullando por la zona y servían a la capital. En un momento, el claro se llenó de gente, mientras Kevin sin percatarse siguió llorando. Un guardia se acercó al muchacho y lo cogió del brazo.
─ ¡Maldito monstruo! ¡Has matado a esta criatura!─ gritó el caballero al niño. Éste seguía llorando y se levantó de la fuerza que ejercía el hombre sobre él. Sus colmillos eran visibles para todos. Los padres, aterrorizados, observaron aquella escena. Alexandra corrió entre la multitud y tomó a sus hijos en brazos, que aún respiraba. Empezó a llorar y a mirar con odio a Kevin.
─ Tú lo mataste. ¡Monstruo! ─ la madre de Mike empezó a maldecirlo. Todos los presentes se le unieron. El caballero guardián preguntó de quién era el hijo y todos se quedaron callados, incluso sus padres.
"¡Es un monstruo chupasangre!"
"¡Seguro que ha aparecido entre la maleza para atacarle!"
"¡Él es el culpable de que mi ganado se enferme!"
"¡Es un asesino!
Todos empezaron a abuchearle. Kevin, sin parar de llorar, gritaba a sus padres.
─ ¡Ma'! ¡Má'! ¡Pá'! ¡Pá' ¡Yo no fui! ¡Fue una serpiente!
Pero estos no le miraban. Los vecinos los empezó a ver de mala cara. Se alejaron un poco de ellos, puesto eran los padres del demonio.
─ Se cree que puede engañarnos. ¡Tiene el poder del engaño y esas son sus palabras malditas!─ dijo entonces el padre de Kevin.
Éste observó a todos a su alrededor. Su madre no dijo nada, en cambio, ser escondía con cara de tristeza. El policía vio el momento de arrestarlo y le puso unas cuerdas detrás de las manos, llevándolo colgado sin que pudiera alcanzar el suelo. El niño se zarandeaba sin parar de llorar, pidiendo la ayuda de sus padres y el agua mojando sus oídos. El caballero que lo llevaba empezó a andar mientras estaba acompañado de otros guardias. Kevin observaba lo que le dejaba ver por las lágrimas, todos los que tanto quería y admiraba le miraban con odio y negación. Incluso su propio padre, el cual antes de perderlo de vista, se volvió hacia la mujer con violencia.
El violento zarandeo contra la madera despertó a Kevin. Cuando abrió los ojos, se vio dentro de la jaula de los Caballeros Guardianes. Un cubo de barrotes perfecto para que no pudiera huir nadie que entrase ahí. El suelo de madera tenía una gran mancha de sangre seca en el centro, fue entonces cuando Kevin se puso de pie. Estaba en movimiento, llevado por los caballos de los guardianes. Observaba, mientras se acercaba a los barrotes, los suelos de piedra que nunca había visto. Personas se acercaban y veían pasar el carruaje incitados a la curiosidad. El niño no conocía nadie allí ni tampoco aquellas calles. Estaban seguramente cerca de la capital.
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Kevin, el demonio desafortunado.
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