FICHA PERSONAJE
"El mejor disparo es aquel sin compasión, puesto si sientes algo estás muerto sin ser disparado."

Idioma: Italiano
Fecha de nacimiento: 23 de Agosto
Ciudad: Venticio
Signo zodiacal: Leo
Orientación sexual: Bisexual
Edad: 25
Personalidad: Entusiasta (ENFP)
Tipo de sangre: A+
Gustos:
Comida/ bebida favorita: Carpaccio
Comida / bebida odiada: Té de manzana
Color favorito: Negro
Animal favorito: Zorro
Oficio: Mafiosa, Rango: Dona
Raza: Humana
Virtudes: Eficaz, buena organización , buen líder
Defectos: Desconfiada , poca paciencia, fácil de alterar, cabezota
Historia:
El comienzo de una mafia no es fácil, pero nunca fue tan divertido. Rose y Marco, una joven pareja adolescente, comenzaron una mafia tapadera, puesto sus padres tenían una gran mafia en la ciudad. Tal mafia de broma, circuló por toda la ciudad y pueblos cercanos, incluso vinieron mafiosos reales a desmantelar aquella mafia "tan peligrosa". Cuando venían, el padre de Marco se encargaba de repelerlos mientras que el padre de Rose regañaba a los adolescentes.
Un día, cuando el sol se estaba poniendo, Rose y Marco recibieron visita en la casa de la mafia. Salieron a la entrada del porche y vieron a dos adolescentes queriendo inscribirse en su mafia. Rose y Marco sonrieron.
"Esperad aquí, voy a llamar a mi padre." Dijo Marco dispuesto a volver a entrar, pero un chaval le detuvo.
"¿No eres tú el líder de la mafia?" Preguntó el chico mirando a ambos. En cambio la pareja rió.
"Te equivocas. Nosotros sólo jugamos, pero al compartirlo con el mundo parece más real."
Los jóvenes se miraron confusos, pero sonrieron después.
"Nos unimos igual. Aunque sea un juego."
Esa noche comenzó lo que sería una de las mafias más poderosas del mundo, y la más famosa de toda Venticio. Pasaron los años y la pareja se acabó enamorando. Se fundó oficialmente la mafia a los años de morir el Don (el padrino) actual, el padre de Marco. Éste sucedería la mafia que quedó sin líder pero decidió seguir con la suya, que no estaba compuesta con la de su padre, sino que era independiente. La mafia Montis empezó a ver sus frutos, y en un año de gran prosperidad y enriquecimiento nació Dylis.
Una preciosa niña, con los ojos azules del padre y el pelo rojizo de la madre, que sería protegida por nada menos que unos mil doscientos miembros mafiosos, rodeada de armas y de violencia en las calles. Tuvo una infancia feliz, y tenía una mejor amiga, llamada Tahna. Ésta era la hija del Sotto Capo (La mano derecha del jefe Capo). Como estos vivían en una misma casa, pasaba todos sus días con ella. Hasta que cumplió cinco años.
Nunca pudo imaginarse su vida caerse en pedazos, y literalmente. Aquel 6 de febrero, a las cuatro de la mañana, se encontraba con mucho frío sentada encima de la lámina de metal en el búnker de la casa. Desde el Consigliere hasta el Don, los rangos más importantes de la mafia y sus respectivas familias se encontraban alrededor suya. Afuera se oían muy leve muchos disparos, golpes y ruidos de cimientos derrumbándose. Dylis empezó a temblar, estando en el regazo del padre. Se asustó entonces al sentir una mano fría tocando la suya, era la de Tahna, que también asustada la miró. Ambas se abrazaron entonces.
"No tengas miedo, pronto pasará." Dijo Tahna, con bastante miedo en el cuerpo. Dylis asintió pero ambas seguían abrazadas, mientras se ponían de pie.
"¡Moveos al fondo!" Gritó Marco a las mujeres y niños de la sala. Todas corrieron hacia la habitación más lejos de la entrada, el almacén oscuro. Todas se sentaron en el suelo y los niños empezaron a llorar. Dylis les siguió pero Tahna la miró con tristeza.
"Dylis, no llores. Nos salvarán de esta. Tu padre pidió más refuerzos..."
Entonces se escuchó un estruendo muy fuerte a lo lejos. Empezaron a escucharse disparos más cerca, gritos y gente corriendo. Marco irrumpió la habitación. Las niñas, del susto, gritaron.
"¡MANTENEOS ESCONDIDAS, ANTES DE QU-" Se escuchó un disparo. Acto seguido, Marco se desplomó en el suelo. Un charco de sangre empezó a rodearle el cuerpo, mientras un hombre calvo y con gafas de sol vestido de chaqueta pasaba por encima pisándolo. Apuntó el arma hacia todas las mujeres y empezó a disparar. Las niñas salieron corriendo de allí mientras gritaba y el hombre las perseguía entre toda la guerra de disparos de allí abajo. Cuando llegaron a una habitación, el hombre las arrinconó.
"Adivina, adivinanza... ¿Quién va a ser la nueva víctima del nuevo Don de la casa?" Decía el hombre mientras apuntaba a las niñas con el revólver.
" Non mi hai più visto! " Dijo Dylis en un ataque de valentía mientras le pisaba el pie fuerte. El hombre se quejó y disparó hacia arriba. Aprovechando el momento Dylis cogió la mano de Tahna y corrieron de nuevo al almacén. Entraron corriendo mientras sollozaban y cerraron la puerta tras de sí. Al fondo se encontraba Marco, sentado en el suelo y pegado a la pared desangrándose. Elevó la mano hacia su hija y Dylis corrió a su pecho llorando descontroladamente. Él la abrazó con su brazo mientras sonreía.
" Lo siento mi preciosa rosa. No he podido protegerte. Te ruego que me perdo-" De repente, tosió sangre. No podía aguantar más la conciencia pero aguantó todo lo que pudo por su hija. Tomó la mejilla de Dylis mientras ésta le decía que no se muriese. Le limpió las lágrimas mientras soltó un último suspiro. "Te quiero, rosa floreciente. Crece y que el legado de nuestra familia nunca se marchite..."
Marco cerró los ojos. Dylis se tumbó sobre su pecho, el brazo le estaba pesando pero no le importó. Ya no escuchó más los latidos de su padre. Su madre se encontraba sin vida en la otra esquina de la habitación, junto a más personas, pero no le importó nada aquello. Su padre no volvería y eso le rompió el corazón en mil pedazos. Tahna observaba la escena llorando y aterrorizada hasta que en unos minutos volvieron a abrir la puerta de golpe. Ya no se escuchaban disparos, y el hombre que abrió era un conocido de la familia, un rango más bajo, un numerale.
"Oh no. El Don ha muerto." Dijo entonces con cara triste el hombre, bajando el rifle que cargaba y dejándolo en los pies del cuerpo sin vida de Marco. Observó a las dos niñas, las únicas supervivientes de la familia y observó a Dylis. Se arrodilló ante ella y le ofreció la mano.
"Tenemos nueva Dona" Dijo entonces el numerale. Dylis, con lágrimas en la cara, lo miró pero siguió llorando en el pecho del padre.
Desde aquella madrugada la vida cambió en la mansión, o al menos lo que quedaba de ella. Al día siguiente empezaron las obras de reconstrucción de los cimientos. Más tarde, el funeral del Don, donde el cual acudieron miles de personas y se dispararon muchas balas de fusiles al cielo en su honor. Se descubrió a las semanas que aquel atentado lo planeó y realizó la otra mafia más poderosa de la ciudad, la mafia Mantis. También se supo que el viejo que vieron las niñas y el que mató a Marco fue el mismo Don de la mafia, presente allí, pero no fue encontrado su cuerpo. Empezó la investigación en su búsqueda pero no pudieron encontrarlo. Supusieron que cambió de nombre, de ciudad y de país, pero sentían que estaba cerca. Tahna, en cambio, era acogida por esa misma familia y era la mano derecha de Dylis, apoyándose en todo juntas.
Mientras el Avoccato de la familia se encargaba de mandar en los asuntos importantes, Dylis empezó a tener clases particulares en casa apropiados para al vida de un mafioso. Tanto en tema administrativo como militar. Mientras Tahna iba al colegio, empezó a alejarse de Dylis por temas de su mafia. Ella se empezó a sentir una invitada allí, más que parte de la familia. Empezó a alejarse con el tiempo de la nueva Dona y se centró en sus estudios.
Al año siguiente las cosas se empezaron a torcer bastante. La voz corrió por todo el país de que el Don de la mafia más importante había muerto, pero su antecesora seguía viva y mantenía en pie el negocio. Las mafias más pequeñas aprovechaban la oportunidad de intentar aliarse o destruirla y eso mantenía ocupado a toda su familia. Dylis era ya un armazón impenetrable, no podía salir de casa, ni tampoco del antiguo despacho de su padre. Se dedicaba a firmar papeles, a manejar con el Casseto las cuentas de la familia y a amansar las mafias que querían su dinero y honor. Con sólo seis años empezó a organizar reuniones para que se les uniera más soldados y desplomar mafias aparte. Mientras que su mejor amiga. casi hermana, estaba desatendida, ocurrió una tragedia.
Una banda de espías dentro de la mafia planearon noche tras noche el secuestro de la Dona. En un error de cálculo, se llevaron a Tahna, la sedaron, la ataron y la amordazaron mientras se la llevaban en una furgoneta negra.
"¡Por fin, el dinero de la familia Montis es nuestro!" Dijo uno de los enmascarados que se la llevaron.
"La verdad fue muy fácil, no había seguridad en la puerta. ¿Estás seguro que es la Dona?" Respondió el conductor, que era uno de los ayudantes.
"Seguro que se fueron al baño." Éste rió.
La furgoneta condució hasta varios kilómetros fuera de la ciudad, hacia el norte. Se encontraban en la ciudad rica de Saleminto, rica en sal y en oro. Aparcaron la furgoneta en el garaje de una gran casa y llevaron a la niña al dueño del terreno. Fue entonces cuando éste se levantó de la silla. La niña lucía el pelo negro y corto. El calvo hombre de mediana edad miró enfurecido a los hombres.
"¡MALDITOS SEÁIS! STUPIDO!" Gritaba el hombre alterado. "¡No es esta la niña que teníais que secuestrar, esta no es la Dona!"
"Señor, no sabemos cómo es. Nunca salió de su habitación y Sottocapo no nos dejaba pasar..." Se disculpaban los hombres con miedo. Fue entonces cuando el Don disparó a aquel hombre y éste se desplomó en el suelo. El otro tiritaba mientras miraba al hombre a los ojos.
"P-perdóname... D-don..." El Don bajó el arma y suspiró.
"¿La matamos, señor?" Dijo su Sottocapo a su lado presenciando la escena. Fue entonces cuando el Consigliere (el consejero de la mafia) habló.
"Deberíamos hacer pagar un rescate, va a ser lo mejor." Dijo cogiendo a la niña en brazos aún dormida. El Don asintió y pidió a la gente que quedaba viva retirarse. Tahna entonces fue encerrada allí en contra de su voluntad mientras gritaba y pataleaba, le daban de comer y cobijo pero nunca recibió un rescate. El mensaje llegó a la familia Montis pero Dylis nunca lo vió. Su nuevo Sottocapo ocultó el mensaje y lo eliminó. Tahna entonces nunca más volvió a la familia. Cuando Dylis preguntaba por ella nunca la dejaban verla. Siempre utilizaban la excusa de que no debía salir o que ésta estaba estudiando. Empezó a rodearse de más gente de confianza y los años pasaron.
En su decimoctavo cumpleaños se volvió oficialmente Dona y podía mandar totalmente sobre la familia. Después de doce años encerrada, pudo salir en búsqueda de aquel Don que mató a su padre. Primero organizó un plan de escape por si mafias le seguían, después se alió con más familias para tener mayor protección y fue entonces que empezó a dar en su búsqueda. Siempre de incógnito, empezó a viajar por todo el país en su búsqueda. Gracias a contactos, rumores y habladurías por la zona pudo dar con su casa, pero la entrada era arriesgada y el factor sorpresa fundamental. Se le ocurrió una idea mejor. Una alocada idea de dejarle una carta para un enfrentamiento individual, uno con el otro, en las fábricas abandonadas de Venticio. Se hizo pasar por caza fortunas y fingió interés en vender bellas especies exóticas en tal fábrica, pero con la condición de que fuera solo, a la hora exacta. Dylis volvió a casa con la esperanza de poder tener ese encuentro. Mafiosos se prepararon para esa noche días tras noches. Llegó entonces el día, vestida con chaqueta marrón larga y un sombrero que le ocultaba los ojos, un moño de cabello y unas cuantas armas escondidas, se quedó de pie esperando en una zona espaciosa de la fábrica, oscura y sombría. Los soldados que tenía estaban preparados escondidos para el asalto, pero sólo para poder retenerlo y matarlo ella misma.
Mientras se acercaba la hora, los restos de los antiguos barriles de tóxico empezaban a marearla así que se puso un pañuelo en la cara, protegiéndole de los vapores y así mismo no se le pudiera ver el rostro. Fue entonces cuando se empezaron a escuchar pisadas, resonantes en toda la bodega, haciendo eco en todos los rincones. Los nervios de la novata Dylis empezaron a brotar pero se mordió la lengua y cogió valor. "Ya le hice daño una vez", no paraba de repetirse eso.
Se encontraron cara a cara. El hombre lucía un precioso y caro traje rojo, y tenía puesta una máscara negra que le cubría toda la cabeza. Tenía forma de cabeza de mantis y eso le hizo tragar saliva a Dylis, que alzó la mirada para intentar verle a través de la máscara.
"Bueno, ya estoy aquí. ¿Dónde está el cargamento? ¿No hay, cierto?" Dijo el hombre con voz distorsionada. Observó a la mujer que tenía enfrente. Ésta estaba en silencio, esperando a que hiciera algún movimiento en falso y moviese la mano a las agujas de reloj como señal para sus soldados.
"Por fin sales de tu nido. ¿Crees que yo, un hombre de negocios, que ya ha vivido lo suficiente, vendría aquí sólo?" El silencio volvió a la sala. "Vamos, que tonta eres. Se nota que ese puesto de Dona no está echo para ti. Eres toda una novata. ¿Por qué no dejas a los mayores hacer las cosas mejor? Tú sólo dame los papeles de la familia y ya está. Sólo eso."
"Ni en tu sueños." Se limitó a contestar Dylis.
"¿Cómo? ¿La zorrita está hablando? Espera que me acerque que no te escuché." Procede a dar un paso. Fue entonces cuando Dylis da la señal y cuatro soldados armados de cadenas saltan sobre el enmascarado.
"BUP, error" Dice bromeando el hombre, zafándose de los hombres en unos segundos después de darle una paliza. Se acercaba más a ella, mientras más hombres luchaban. Ella, desesperada, dejó caer su disfraz y se la vio vestida con traje y pantalón lista para el combate. Había entrenado todos esos doce años atrás sólo para ese momento. Los soldados empezaron a disparar pero nunca le daban a él.
"¡DIJE QUE LO QUIERO VIVO!" Gritaba ella a los soldados. Fue entonces cuando lo tenía de frente, habiéndose movido de una forma tan rápida que no pudo verlo con sus propios ojos. El hombre la cogió del cuello y la empezó a levantar. Ella hizo una maniobra y cogió el cuchillo de su bota pero entonces él la paró y el arma cayó al suelo. Siguió estrangulándola y ella por sus propios medios intentó sacar todas sus armas para repelerle pero sin éxito. Empezó a ahogarse y se intentaba zafar de las duras y frías manos del hombre. Se estaba quedando sin respiración, fue entonces cuando la estampó fuerte contra el suelo y ella gimió de dolor.
"Ahora, vamos a ir a tu casita preciosa y me vas a dar todos los papeles, cuentas bancarias y todo el escrito de tu familia." El Don seguía ahorcándola, mientras ella se resistía. Sólo le quedaba un arma por sacar de su ropa.
"Jamás." Dijo antes de sacar un aparato con un botón y la fábrica explotó. Ella corrió y mientras caía el techo detrás de ella pudo salir a tiempo pero malherida, por roces y una rodilla facturada. Una de las varas alcanzó a su ojo derecho, por lo que tenía una grave brecha y pérdida de visión en la cara. Una vez en el patio exterior de la fábrica, mientras ésta ardía en color verde, pidió refuerzos con un walkie-talkie que tenía en el coche aparcado. Fue entonces cuando se desmayó al lado de él.
"Hija, levántate. Sé que puedes. Te quiero mi rosa..." Las palabras de su padre se desvanecían en el sueño. De pronto despertó. Habían pasado dos días de ese accidente. Un soldado de la mafia la vigilaba y salió corriendo de la habitación para avisar su despertar. La visitó un médico y dijo que necesitaría reposo absoluto, que en un mes se curaría la rodilla. El ojo lo tendría vendado más tiempo y le recomendó parche. Perdió entonces la vista en ese ojo, pero podía reconstruirle uno de cristal si ella lo pedía. Ella asintió pero en cuanto estuvo de nuevo sola se vistió con su traje habitual y salió de la habitación para irse a su despacho. Allí le esperaba el Consigliere.
"¿Estás loca? Podrías haber muerto. No me consultaste ésto, ni nada por el estilo. ¿Quieres perder todo? Nos acabarás matando a todos." Le regañaba, mientras ella con dolor de cabeza, le miraba cabreada. "Me da miedo perderte..." Dice entonces con más sutileza y le coge la mano. Ella la aparta viendo obviamente signos de filtreo. Roman era un hombre adulto, borracho y mala persona, pero no podía sustituirlo fácilmente. No era claramente su tipo, lo echó del despacho a mala gana y empezó a llorar estando sola.
"Maldita sea... Todo ha salido mal... He fallado..." Se dijo a si misma mientras se tocaba la venda del ojo. "Papá, ¿Qué hago ahora? Estoy perdida... Realmente fui una estúpida..." Fue entonces cuando pensó en no decaer y no actuar antes de pensar. Esa pelea no fue una victoria pero tampoco una derrota, tendría que prepararse más a fondo.
Pasaron los años, su familia empezó a tener más relaciones con el país, alianzas con familias tan importantes como ella, y volvió a ser la mafia más importante de la ciudad. Ella se fortaleció, tanto en mente como en físico, entrenó su cuerpo para el combate y maduró en cuanto finanzas y planes. Recobró más información del Don que mató a su padre, se llamaba Pablo, Don Pablo tenía una hija de más o menos su edad y dicen que es intocable. Siguió buscando información de Tahna sin éxito alguno, y fue cuando entonces estaba volviendo de hacer negocios en otra ciudad cuando tuvo un encuentro extraño.
Era de noche y llovía mucho. La carretera estaba solitaria y oscura, no había ningún otro coche más. Cuando el chófer procedió a pasar con cautela el mojado asfalto del puente que separaba Montis con otra ciudad un estruendo retumbó encima de su coche. Miró al techo y de golpe salieron cuchillas. Por la ventana aparecieron unos brazos que lo rodeaban y con un cuchillo le cortaron el cuello, muriendo a los pocos segundos. Dylis, detrás preguntaba que pasaba el chófer cuando empezó el coche a deslizarse por el puente. Entonces se estampó contra el borde de éste que daba al vacío. Estaba suspendido en el borde tambaleándose hacia dentro y afuera. Asustada, recordó que había un río con rocas afiladas abajo e intentó salir del coche pero cada vez se tambaleaba más. De repente vio una figura en las sombras que corría hacia el coche. Imaginando lo que iba a pasar, abre la puerta trasera y salta hacia el asfalto haciéndose daño. El coche cae hacia abajo y una vez golpeado por las rocas explota pero incluso con la lluvia el fuego tardaba en apagarse. Dylis se incorporó y observó una mujer de cuero entera vestida, con un pañuelo ocultándole media cara y su pelo. Ésta corrió hacia ella y empezaron a batallar con las manos. La desconocida procedió a atacar con cuchillos pero Dylis se defendía muy bien después de años practicando. Observó entonces que la estaba acorralando entre el borde y la pared. La desconocida la atacó y eso hizo resbalarla pero en un intento de pillarla le quitó el pañuelo y su rostro se desveló, junto a su pelo. Dylis permanecía ahora colgada del puente con las manos y observó con la poca luz del fuego del coche el rostro de la chica. Tenía un ojo de color azul y el otro de color verde, el pelo también tenía dos colores, una mitad rosa y otra mitad negro.
"Tahna..." Fue entonces cuando la reconoció. No pudo olvidar su cara, siempre la estuvo buscando; en aquel momento muchas emociones, tanto de culpa como de tristeza invadieron el corazón de Dylis. Desafortunadamente, el asfalto estaba gastado, empapado y ella acabó resbalándose hacia el río rocoso, mientras observaba la figura de Tahna alejarse en una impresión. Cerró los ojos antes del impacto.
"Mi pequeña niña. Qué bonita estás." La voz de su madre la hizo mirarla. Estaba hermosa con ese pelo rojizo. "Sabes que aún no es tu hora, debes despertar." Decía mientras le acariciaba la mejilla.
"Mamá.." Una lágrima caía sobre la mejilla de Dylis.
"Yo no soy tu madre pero podría actuar como ella si así lo necesitas" Ríe. Esa voz desconocida hizo que abriera los ojos. Estaba soñando, entonces recordó todo lo sucedido e intentó levantarse. Se sentó en la camilla y observó el lugar.
"¿Dónde estoy?" Preguntó Dylis. Era una sala médica pero con muchas máquinas que nunca vió y miró al hombre. Tendría mediana edad, estaba vestido con una bata de hospital pero tenía un ordenador a su lado. Cogió la mano de Dylis pero ésta la apartó y se puso en modo defensivo.
"Sin prisas. Tranquila. Soy el doctor científico Lion, estás en el hospital tecnológico Megurine norte. Te encontraron en las orillas de una playa, y bueno, no en buen estado. Te faltaba una pierna y no quiero preguntar qué te pasó en el ojo. Los implantes deberían funcionar a la perfección. ¿La cicatriz te la dejo o te la quito?"
Dylis escuchaba sin entender nada de lo que decía. Se miró la pierna y asustada se la tanteó. Estaba fría y dura pero tenía piel sintética por encima. Le pareció una experiencia tanto aterradora como horripilante.
"Ponte de pie cuando puedas y te hago las pruebas médicas necesarias para saber que todo va bien." Dijo el doctor. Acto seguido ella se levantó y se tocó donde debería estar la venda del ojo, en cambio tenía un globo ocular y podía ver. Ella sonrió maravillada, al mismo tiempo que impresionada.
El doctor le hizo las pruebas y le dio el alta para los dos días siguientes. Llamó a la familia que le recogiera del hospital y tuvo esos días para pensar en todo lo que había pasado. Vio que tenía cicatrices por todo el cuerpo pero dio las gracias a los dioses de que estuviera viva. Su venganza ahora no había acabado. ¿Tahna está viva? ¿Dónde ha estado ese tiempo? ¿Por qué quiso matarme? ¿No me reconoció? Tales preguntas invadieron la mente de Dylis mientras recogía las pertenencias que le dio el doctor. Entre ellas descubrió una de las dagas que usó Tahna contra ella, con el emblema de una Mantis. La mente se le ennobleció en ese instante.
Cuando volvió a su casa planeó todo para un encuentro con Tahna, cara a cara, sin peleas. Llegó el momento y se encontraron en un parque, a las tantas de la noche. Ambas se miraron fijamente a los ojos. Sabía que Don Pablo andaba cerca, vigilando a su mascota. Dylis apretó los dientes al pensar que hizo él con ella, no quiso imaginárselo. Cuando se acercó a ella optó posición de ataque, pero no quiso atacar. Dylis la abrazó en un instante y entonces Tahna le corrió una lágrima por su mejilla. Se separó al instante y cuando Dylis descubrió el collar, para ella era demasiado tarde. Una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de Tahna, mientras gritaba de dolor. Dylis quiso socorrerla y en un golpe seco el rompió el collar. La cogió en brazos antes de que se desplomara en el suelo y empezó a lamentarse. A lo lejos uno de los esbirros con la máscara de Mantis corría hacia un coche aparcado a lo lejos.
"Maldito cobarde..." Susurró Dylis entre dientes. Entonces miró a Tahna y le acarició la cabeza. Ésta entreabrió los ojos. Dylis observó entonces síntomas de deshidratación, inhalación y marcas en la piel. Ella la abrazó más fuerte lamentándose no haberse dado cuenta. Una ira empezó a inundarla.
"Tahna... Cuánto te hice en falta..." Dijo, entonces Tahna abrió la boca. No tenía lengua. No podía hablar. Ese despiadado la había creado su mascota de guerra y ella no pudo hacer nada para detenerlo. Con toda la ira que pudo tener en un instante, sin pensar mucho, llamó a la familia para que acogiesen y protegiesen a Tahna mientras se dirigía hacia la casa de los Mantis.
Dylis estaba preparada para esa noche. Cuando llegó a la casa, hizo acrobacias para cargarse a los vigilantes, cogió sus armas y mató a los de la casa. Fue hacia su familia, sus mafiosos, empezó a matarlos a todos sin piedad. Sin dificultad alguna, se movía entre los pasillos de la casa y estando más cerca de Don Pablo, descubrió por fin la guinda del pastel, todo aquello que nunca pudimos ver, pero ella sí.
Llamó dos veces a la puerta del despacho de Don Pablo. Éste dijo que pasara, ya estaba listo con trampas en la puerta y listo para acabar con ella. Pero las trampas no se activaron y hubo un apagón. A oscuras Dylis se metió silenciosamente en el despacho hasta que volvió la luz y lo tenía cara a cara. Vestía una ropa pegada hecha de un metal extraño y su ojo izquierdo le brillaba. El hombre no tenía máscara alguna en cambio sonreía.
"¿La última noche, no?"
"Sí." Se limitó a decir Dylis mientras sacaba la pistola de su funda. El Don no hizo más que levantar las manos.
"Espera... No será eso... Titanio, ¿verdad?". Su cara cambió al instante. Echó un vistazo al aparato de su sala, el ordenador con el conector al montecuerpo, pero estaba destrozado. "¿Cómo lo supiste?"
"Fácil. Hace doce años te dispararon, no lo vi, pero alguien de confianza vio que no sangrabas, pero la bala te atravesó. Oí hablar de muchas historias de éstas, pero no me las creía... Así que te cité en la fábrica. La toxina con el metal débil hace que se derrita, por eso llevabas una máscara, además que después de la explosión había trozos de piel sintética por los suelos. Y por último, he descubierto que la estatua del parque donde estaba con Tahna estaba echa de titanio. Me acerqué un poco para ayudarla y mi pierna empezó a arder. Pero, ¿sabes lo más divertido? !Que hay balas en el mercado negro echas de ese metal!"
"Ahora eres como yo... No serás capaz." Acto seguido disparó a la cabeza. El cerebro de ciborg explotó, sin retorno alguno de seguridad. Ella sonrió.
"Como si me hubiera gustado ser así, imbécil." Su venganza está servida y ahora solo quedaba dejar arder la casa.
Y así lo hizo, ardió tanto dentro como fuera, y cubrió de titanio todo relacionado con la maquinaria. Cuando volvió a casa Tahna estaba vestida normal esperándola y la abrazó. Cansada se dejó caer sobre ella. Durmieron juntas aquella noche. A la mañana siguiente, se vistió y volvió a reinar la paz en la casa. Echó a casi todos los familiares que tenía de confianza por traición, robo y mentiras. Tahna volvió a ser su Sottocapo. Mató al Consigliere que le ocultó lo de Tahna, aunque eso dicen los medios, porque se dice que lo tiene enjaulado y en constante tortura. Por último, llamó a las empresas Megurine y pudo recuperar su lengua. Volvió a escuchar la voz de Tahna y emocionada la abrazó fuerte.
"No quiero volver a perderte." Dijo Dylis.
"Juntas para siempre." Contestó Tahna con dulce voz.
Y así acaba la no terminada historia de Dylis, junto con Tahna y malvados. Se dice que siguió reinando el caos pero siguió siendo la madrina de la mafia y todos le tenían respeto desde entonces.
Fin.
Multiverso: Éste personaje aún no posee historia paralela o no ha experimentado ningún multiverso.
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